Desaprendizaje de conductas adquiridas por el fármaco dependiente, su autopercepción. Hace tres décadas,
la fármaco dependencia no era considerada un problema de salud pública como lo
es hoy. Actualmente se conocen múltiples ideas o distinciones acerca del uso y
abuso de sustancias que alteran el Sistema Nervioso Central así como la manera
de abordar dicha problemática. De igual forma, las personas consumidoras de fármacos
(fármaco dependientes) tienen explicaciones del por qué las usan, pero tal vez
no concientizan qué elementos están alrededor de su consumo. La mayoría de
las inserciones del adicto a su ámbito consumidor, radica en numerosas
variables, algunas de estas relacionadas con carencias afectivas durante su
infancia, con relaciones disfuncionales dentro de su núcleo familiar (peleas de
un padre alcohólico y una madre sumisa), la simple atracción de hacer algo
prohibido (curiosidad), reafirmar su independencia luego de haber crecido en un
ambiente hostil, duro y coercitivo, así como la búsqueda de aceptación y
sentido de identidad, entre otros aspectos. Estas explicaciones forman parte de
las experiencias que acompañan al usuario, a su familia y allegados, a menudo
son inconscientes para él mismo, ya que recordando lo que apunta Gregory
Bateson (1998), ningún organismo vivo superior se da el lujo de manejar la
información que puede manejar inconsciente, conscientemente. La persona
condiciona la forma de organizar los sucesos azarosos y el sentido de la
vida misma, cuando ésta continúa sin modificarse, sin variar, sin posibilitar
el conocimiento del propio actuar y de continuar actuando por tener la idea y la
sensación de que es rechazado, por ejemplo, es posible que concluya en una
situación decadente, o bien en un problema de carácter psicológico, físico o
moral. La mayoría de las
dificultades que viven los adictos dependen de su propia conducta, y de la forma
como han aprendido a reaccionar ante las mismas (bien por ellos mismos o a través
de personas que están a su alrededor). Igualmente, existen premisas que
refuerzan la percepción que forman de sí mismos, y que están íntimamente
relacionadas con un problema de semántica, de significados que imperan sobre la
concepción que puedan tener acerca de ellos. Formando ideas que recuerden o
elaboren en el presente y que a su vez sirvan para organizar su interrelación
con los demás, (tener una historia peculiar) para presuponer o sostener en su
auto percepción. Algunas ideas o
premisas que pueden considerarse son: “si no haces lo que te digo eres un
rebelde”, “nos tocó vivir así y qué se puede hacer”, “lo único que
importa es que estudies, ya que es por tu bien”, “si no lo haces eres menos
que ellos”. Son ideas que
permiten tener un sentido aparente de reconocimiento, pero en el fondo generan
un grado de perturbación que se ajusta perfectamente a la vía de escape más cómoda
que encuentran: crear un estado de dependencia a cualquier sustancia
estupefaciente o psicotrópica, en el momento que no hallan salida o solución a
un deseo intenso que perturba el discurso lógico que ha imperado siempre en su
pensamiento. De esta forma se
genera (además de una estado de dependencia), un proceso de autoengaño que
tiene la particularidad de hacer que, quien lo padezca se resista a reconocerlo
como tal. Y si alguien se lo intenta hacer ver y le pone de manifiesto sus
contradicciones, es fácil que reacciones negándolo obstinadamente, y
planteando todo tipo de argumentos con brillantes racionalizaciones destinadas a
negar la evidencia de sus contradicciones. La influencia diaria
de tantos deseos, solicitudes y tendencias, hace que no sea difícil interpretar
mal la realidad y auto engañarse. Por eso, la coherencia personal exige un
constante esfuerzo de sinceridad con uno mismo, donde se tome conciencia de la
realidad que se vive en medio de un mundo lleno de miedos, temores, vergüenza,
fraudes e inestabilidad emocional entre otros aspectos. El requisito básico
para un aprendizaje real: deslastrarse de las vivencias, experiencias,
conocimientos, creencias que tenemos en nuestro cerebro y que aún cuando fueron
útiles en un tiempo, ya no lo son en el aquí y el ahora. Se trata de
desaprender, según dice Sánchez (1998), es sencillamente eliminar lo que hemos
aprendido que ya no nos sirve y dejar espacio para lo que necesitamos
aprender, pueda entrar con facilidad a nuestro cerebro. Experiencias pasadas
determinan ciertas conductas y vivencias del presente. Para poder vivenciar el
presente tal como es y sentirse libres de tomar decisiones día a día, hay que
desprenderse de experiencias pasadas, que marcan fuertemente, y que acarrean una
inmensa carga emocional. Esto no implica una pérdida de la memoria y de los
recuerdos, sino el desapego o estado de dependencia que produce una imagen
evocada, y que obstruye la capacidad de ser realmente libre y espontáneo en el
presente. Implica la liberación de traumas pasados, malas experiencias como
miedos, angustias, creencias que se aceptaron ciegamente y que nunca se
cuestionaron. Ideas que se crearon, limitando la capacidad de realizar una
actividad y al mismo tiempo desperdiciando el verdadero potencial de construcción
que posee el individuo. El fármaco
dependiente debe darse la oportunidad de identificar la existencia de otros
puntos de vista que puedan ser tan o más válidos que el percibido por él. Obviamente, exige el
postergar el juicio crítico, lo cual no es una costumbre arraigada, si de
adultos se trata, mucho menos cuando estos poseen un alto nivel intelectual,
pues cuanto más se ha invertido en aprender cierta información o conductas,
mayor compromiso existe en defender las mismas ante otras nuevas. Ante la necesidad de
identificar las conductas adquiridas por el fármaco dependiente, relacionadas
con su auto percepción y nivel educativo, se requiere estudiar hasta qué punto
inciden estas variables sobre la voluntad que pueda tener el fármaco
dependiente de deslastrarse de sus falsos supuestos y creencias, así como la
disposición de abrir su mente hacia la formación y desarrollo de nuevas
conductas que le permitan su “Segunda Oportunidad”. Oportunidad de hacer de
la vida actual una vida nueva, con ideas nuevas, que promuevan la búsqueda de
respuestas creativas y cónsonas con la realidad, mejorando la imagen y
auto percepción, al saberse competente. La susceptibilidad al
consumo de drogas está determinada por la presencia de factores de riesgo
(personales, psicológicos, conductuales y sociales), y por el contrario, la
no-incorporación a las conductas de habituación y dependencia, está asociada
a la presencia de los denominados factores protectores. La probabilidad de
consumo aumenta o disminuye en relación directa a la presencia, cantidad e
intensidad de los factores de riesgo y protectores, respectivamente. La manera
como operan ambos factores no es estable ni constante, sino que los mismos se
entrelazan dinámicamente y afectan de manera particular a los sujetos, en las
diferentes fases del desarrollo de su ciclo vital. Están en constante interacción
con las influencias ambientales, y pueden modificarse recíprocamente. Se ha
encontrado además que muchos de los factores de riesgo, solos o en combinación,
están relacionados con otros problemas de salud mental. Como conductas
antisociales y trastornos emocionales, como la depresión y otros problemas
psicopatológicos (Madrigal y Col. 1998). Lo más significativo
que ha encontrado la investigación y la experiencia en este campo señalan que
muchos de los factores de riesgo y protectores, se expresan como actitudes y
conductas capaces de ser modificadas, lo cual quiere decir, que pueden ser
afectados sustancialmente por medio de intervenciones preventivas. El mayor riesgo
inmediato para que los no usuarios fortalezcan su capacidad de rehusar las
drogas bajo presión del medio o por vulnerabilidad personal, puede atenuarse en
un menor plazo con el abordaje de modificación de factores de riesgo y con el
fortalecimiento de factores protectores. Con relación al
ciclo evolutivo de la dependencia, existe una fase común donde se comienza por
un uso recreativo de la droga, se da una trivialización del consumo, no existe
percepción del daño y el consumo se ve reforzado por una ausencia de censura
social. Posteriormente entran
en juego los factores predisponentes en una fase específica, donde sí existen
estos factores en el individuo, el problema puede evolucionar en forma leve,
produciéndose un trastorno de conducta o en forma severa presentándose como
resultado, un diagnóstico asociado, más a la adicción. Si no existieran
factores predisponentes, el individuo durante la fase específica de consumo se
verá expuesto a los efectos neuroquímicos activos de la sustancia que según
el nivel de consumo, si es menos, se dará el uso abusivo o nocivo, pero si el
nivel de consumo es mayor el resultado final será la dependencia química; a
pesar de que no existieran los factores predisponentes, estará sujeta al poder
adictivo de la sustancia consumida. Las evidencias reflejan que los abordajes
actuales deben realizarse basados en los factores protectores (Madrigal 98). De todo lo expuesto
anteriormente, surge la importancia de analizar los medios y la factibilidad
para modificar las conductas individuales del fármaco dependiente. Estas
conductas de consumo están a su vez relacionadas con conocimientos y actitudes
en constante interacción con las influencias ambientales, que a su vez son
susceptibles de modificar positivamente a través de programas estratégicos que
influyan en los adictos en dos áreas principales y determinantes del desarrollo
psicosocial; una de ellas es el conjunto de acciones e interacciones de
“influencia social”, y la otra corresponde al desarrollo de “habilidades
para la vida” tanto generales, para robustecer el proceso de desarrollo sano,
como específicas para identificar y reforzar conductas de rechazo al consumo de
drogas. Por influencia social
se entiende el conjunto de acciones y mensajes que modifican percepciones,
actitudes, valores, nivel y calidad de interacción del fármaco dependiente,
con el ambiente al que pertenece, el cual debe ir acompañado de un proceso de
desaprendizaje cuyo mensaje es comprendido, retenido y aprehendido, para
finalmente aprender nuevas conductas. No se puede aprender algo nuevo si no se
desaprende antes. “El desaprendizaje es un eslabón ubicado entre el
aprendizaje y reaprendizaje” (Sánchez, 1998). El desarrollo de habilidades para la vida comprende la capacidad de promover conductas que favorezcan el desarrollo Biopsicosocial en general y la adopción de estilos de vida sanos, específicamente el fortalecimiento de habilidades para rechazar o evitar el consumo de sustancias estupefacientes y psicotrópicas. |
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Loyda Rivas.
Licenciada en Educación. Mención
Orientación. Egresada de la Universidad de Carabobo. |
| Artículo tomado de la Revista CREA Nº 20. |

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