La participación Juvenil: “Un reto para La Prevención”

El objetivo es analizar la vulnerabilidad de los derechos del niño y del adolescente, frente a la problemática del consumo de drogas y el rol de la prevención y la comunidad ante este escenario. En este contexto voy a realizar algunas reflexiones, uniendo tres aspectos fundamentales:
El problema de las drogas como fenómeno social.
La participación juvenil como una respuesta ante el problema.
La prevención bajo la perspectiva de la integralidad.
Las drogas son una mercancía que está disponible en cualquier espacio y su consumo no es exclusivo de un grupo etario o clase social en particular. 
El consumo de drogas es un problema multicausal, dinámico y complejo.
Está íntimamente vinculado como causa y efecto a otros problemas sociales, como la violencia, la deserción escolar, el embarazo precoz, el VIH/SIDA, entre otros.
Se hace necesario conocer el problema y formarse, para poder diseñar estrategias que incidan en su disminución.
Las soluciones no son mágicas ni a corto plazo. Su abordaje debe estar inserto en políticas, programas y estrategias que garanticen una continuidad en el tiempo y un impacto real.
Es un problema de todas y todos, por lo tanto su abordaje debe ser colectivo e integral.
Si estamos de acuerdo en estas características que definen el problema, estamos pues en el compromiso de tener presente que nuestras políticas, planes, programas y proyectos no pueden gestarse aislados de estas consideraciones.
Estamos conscientes que para comprometernos en un abordaje preventivo en los diferentes escenarios donde se desarrolla el individuo: familia, escuela, comunidad y ámbito laboral, es necesario comprender el problema de las drogas en su justa dimensión, tomando en consideración cada uno de los aspectos que lo definen y lo caracterizan desde el plano psicológico, económico, social, cultural, educativo, nacional e internacional.

El segundo aspecto fundamental en el tema que nos ocupa, que son los niños y adolescentes, es la prioridad de trabajar en pro de la participación juvenil. Hoy en día no podemos darnos el lujo: el Estado, las instituciones, los adultos, de diseñar y ejecutar políticas y programas sin una acción concertada y compartida de nuestros adolescentes.
La información y la formación de niños y jóvenes, es un elemento clave y de gran impacto para la reducción de la demanda.
La participación de este sector prioritario de la población, como son los niños y los jóvenes, debe partir desde la consulta y el diseño de los programas hasta la operatividad de los mismos, incluyendo las fases de seguimiento y evaluación tanto de los resultados como de los alcances.
La cosmovisión del adulto y sus paradigmas conceptuales de vida, muchas veces no son válidos ni reales, desde la perspectiva de los niños y adolescentes.
Se hace necesario entonces, al momento de hacer prevención, trabajar para y con los niños y adolescentes, teniendo presente criterios claves de flexibilidad, creatividad y apertura de nuestras ideas y acciones, para acercarnos cada vez más a su percepción; a lo que ellos sienten y piensan acerca de las drogas, sus consecuencias y la forma de hacer prevención.

En este sentido, los adolescentes deben ser considerados como actores sociales válidos, capaces de generar acciones efectivas de prevención en los diferentes escenarios donde se desenvuelven (familia, escuela, comunidad, grupo de pares).

Muchas veces cuestionamos la apatía de los adolescentes para participar en programas que han sido diseñados para ellos (recreativos, culturales, políticos, religiosos), y fácilmente los responsabilizamos por falta de espíritu de colaboración y renuncia a la participación. No nos percatamos que no podemos llamarlos a suscribirse en el desarrollo de unas acciones que fueron elaboradas a sus espaldas, que no tienen que ver con sus intereses, que no hablan su lenguaje, que no responden a sus sueños, y que por lo tanto le parecen impuestas por los adultos, que cada vez les resultan más alejados de sus ideas y más extraños a sus ideales. 
Concretamente, podemos identificar tanto en el área educativa en particular como en el área social en general, una serie de factores que inciden negativamente en la actitud de los adolescentes frente a los programas de prevención, entre los cuales podemos mencionar: 
Ausencia o deficiente estímulo al desarrollo de la creatividad y el elemento lúdico en el proceso preventivo.
Visión del adolescente como objeto de la prevención y no como actor social, con ideas y soluciones que aportar.
Desconocimiento de la importancia del rol de modelaje preventivo del adolescente frente a su grupo de pares.
Canales de comunicación basados en el autoritarismo/dominación vs la aceptación/respeto por las ideas y las diferencias.
Visión individual, sesgada y cerrada del problema, negando la posibilidad a nuevos paradigmas y soluciones colectivas.
Es urgente que quienes estén involucrados en dar respuestas en la búsqueda de soluciones, llámese Gobierno Nacional, ONG'S, padres de familia, maestros, terminen de asumir
la noción de prevención integral, para de esta manera realmente poder incidir en los riesgos, fortalecer los factores de protección y resguardar efectivamente el derecho de todos, consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, LOCTISEP y la LOPNA, de ser beneficiarios de los programas de prevención. 
Como una respuesta a este reto, la CONACUID propicia la participación de niños y adolescentes a través del desarrollo de los programas: “La emoción de vivir...sin drogas” , “Red Interestadal”, “Programa de Formación para grupos Juveniles Organizados”: Fe y Alegría, Asociación de Scout de Venezuela, grupos culturales, religiosos, entre otros. “Programa de “Centros de Amigos”, “Programa de Prevención Juvenil”, en los ámbitos educativo, comunitario, recreativo, etc., dirigido a jóvenes No organizados.
“Estrategias comunicacionales” (afiches, trípticos, programas de radio y TV) con mensajes y criterios adaptados a la cosmovisión de este sector., “Proyecto Papagayo” de la Fundación BBVA Provincial, propuesta pedagógica de prevención integral del tráfico y consumo de drogas, orientada fundamentalmente a la formación en valores y dirigida a niños y jóvenes insertos en el sistema educativo formal. 
La Prevención Integral tiene que buscar en sus actores, la conformación de un sistema de valores que fomente en los adolescentes, el compromiso íntimo y profundo de asumir la participación como una tarea que busca salidas y respuestas, a los riesgos que enfrenta este grupo etario. 
Tenemos que lograr la formación de jóvenes participativos en los contextos familiar, escolar, político, cultural y espiritual, sobre una base de pertenencia y responsabilidad frente al mundo, el cual sea el producto del sistema de valores en el que la convivencia y la búsqueda compartida de salidas a los problemas, ocupen un lugar de jerarquía en lo cotidiano. 
En los últimos años hemos venido haciendo grandes esfuerzos desde la CONACUID, tanto en el plano nacional como internacional, para debatir sobre los viejos esquemas de prevención reactiva, del uso de la llamada técnica del terror (basada en utilizar para educar mensajes negativos que infunden miedo) y las acciones parciales, puntuales y sin rasgos de integralidad. En este sentido, hemos venido construyendo un modelo de Prevención Integral orientado a desarrollar las potencialidades individuales y colectivas, fortaleciendo los factores de protección presentes en los individuos y sus grupos, en la búsqueda de estilos saludables de vida, que incidan en la reducción de la demanda de drogas.
Si queremos tener éxito en la participación de nuestros niños y adolescentes en los programas y tener resultados más eficaces, tenemos que tener presente ciertos principios al momento del quehacer preventivo:
Dinamismo: porque la Prevención Integral debe responder y generar procesos de desarrollo humano para hacer frente a los continuos cambios del problema, tomando en cuenta las características específicas del contexto, los actores involucrados y las nuevas tendencias y modalidades que asume el consumo de drogas. 
Formación: toda acción preventiva debe estar precedida por la obtención de información, conocimientos y estrategias sobre el problema global de las drogas, para luego poder actuar sobre las causas que lo originan y las consecuencias que genera.
Actitud: quien trabaja en el área debe estar convencido y comprometido con la prevención integral, vivenciando sus valores, exponiendo sus sentimientos y logrando con ello la credibilidad y el reconocimiento en lo que hace.
Participación: cualquier acción preventiva para ser integral, requiere y propicia la organización y participación individual y colectiva en pro de construir los mejores escenarios saludables de vida (en lo familiar, lo laboral, en el grupo de pares y en la comunidad en general).


Cada uno de nosotros tiene el compromiso ineludible de hacer de la prevención integral una práctica cotidiana, del día a día. Se hace prioritario el entender, aproximarse y construir, con nuestros niños y adolescentes, el derecho que nos reclaman a poder desarrollarse como ciudadanos libres y sin drogas. 

 

  Lic. Eusebis Gómez. Directora de Prevención Integral de CONACUID

Artículo tomado de la Revista CREA Nº 21.

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